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Felipe II  estableció  el ASIENTO DE ESCLAVOS que era un convenio por el cual se daba en arrendamiento el comercio de esclavos o parte de él, a un contratista que organizaría toda la empresa, sosteniendo sus propias factorías en España, África y las Indias. El primer “Asiento”  se dió en 1595  a un portugués, Pedro Gómez Reynel para que en nueve años él sólo pudiese llevar a las indias 38.250 esclavos, sacándolos de Sevilla, Lisboa, Angola y Mina, es decir, introducir cada año 4.250 esclavos distribuidos en las Antillas,  Nueva España, Honduras, Ríos de la Hacha, Margarita y Venezuela; “y que ninguno sería mulato, ni mestizo, turco, morisco, ni de otra nación, sino negros atezados de las dichas islas y provincias de la Corona de Portugal”.    En 1601 tras la muerte de Felipe II se le asignó el Asiento a Juan Rodríguez Cautinho, introduciendo la modificación de que los negros casados debían ir acompañados de sus mujeres e hijos; se introducirían 600 negros anualmente a Española, Cuba y Puerto Rico, 200 en Honduras, 700 en Nueva España, y 500 en Santa Marta, Río de la Hacha, Margarita, Cumaná y Venezuela.

En 1630 comenzó la competencia mercantil de los HOLANDESES y se apoderaron de EL MINA en África, como centro de embarque de los esclavos, y tuvieron por el resto del siglo un importante papel en esta trata. Igualmente, cobró fuerza la Isla de St. Thomé, ubicada al frente de la Costa de Oro, como puerto de embarque.

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Castillo de El Mina. África. 1668

A partir de 1580 y hasta 1640 se introdujeron en lo que ahora es Colombia, esclavos de África Central, del antiguo Reino del KONGO: CONGOS, MANICONGOS, ANZICOS y ANGOLAS.   Según del Castillo en la primera mitad del siglo XVII en Cartagena esta gente de la cultura BANTÚ fue predominante. Refiere Zapata Olivella que los bantúes fueron utilizados más frecuentemente para labores agrícolas y ganaderas en la Costa Atlántica, sin excluir la presencia de gente yoruba en el ámbito costeño.

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San Pedro Claver, sacerdote español que vivía en Cartagena de Indias, llamado el “esclavo de los negros”, se informaba con anterioridad de la llegada de los barcos negreros, aunque sabía comunicarse en quimbundo (la lengua de Angola)  tenía como sus ayudantes a gente de Angola, Congo, Yolofo, Biáfara, Fulupos o Fulani, Branes, Balanta, Zapes, y otros más, y con estos esclavos como intérpretes, llevaba alimentos, los bautizaba y a los enfermos los atendía.

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San Pedro Claver y esclavos

El bautizo transcurría así: se les ordenaba lavar sus cabezas, se llamaban de diez en diez, primero los hombres y luego las mujeres, se arrodillaban, se les echaba agua y se les ponía el mismo nombre “cristiano” a cada grupo de a diez, se le pasaba a cada uno una vela encendida y un rosario que se les colgaba del cuello, así como una medalla de estaño para identificar a los ya bautizados.

Cabe resaltar, respecto a los NOMBRES DE LOS AFRICANOS, que se comenzó a usar el nombre cristiano con un apellido que hace referencia a su lugar de origen o de embarco; por ejemplo, el esclavizador Manuel Francisco Henríquez, residenciado en Cartagena, era propietario de africanos que respondían a los siguientes nombres: Jusepe Angola, Juan Angola, Mariquita Angola, Cristina Angola, Feliciano Angola, Lucrecia Angola, Catalina Angola, Francisca Angola, Pedro Mandinga, María Biojó y Pascuala Criolla. Los esclavos que ayudaban a San Pedro Claver  respondían a los siguientes nombres de acuerdo con su orígen: Andrés Sacabuche (de Angola), Ignacio Angola, José Monzolo (del Congo), Alfonso Angola, Francisco Yolofo, Manuel Biáfara, Domingo Fulupo, Ignacio Soso (Zape), Lorenzo Zape, Antonio Balanta, Domingo Bran y Francisco Bran.  Este fenómeno se dió en todo el territorio.

A mediados del siglo XVII, en plena crisis económica (que coincidió con la época en que los reales de minas de Cáceres y Zaragoza decayeron) el monarca español decretó el cese en el otorgamiento de nuevos asientos; la flota mercante española ahora al servicio de la guerra, produjo un estancamiento del comercio negrero que duró 30 años, de manera que entre 1640 y 1662 se paralizó la introducción de esclavos por Cartagena de Indias.En 1660 los ingleses crean la REAL COMPAÑÍA DE ÁFRICA, y se dió una dispensa especial para que buques españoles se pudieran acercar a las antillas inglesas para la compra de esclavos.

Se desarrolló paralelamente el CONTRABANDO procedente de comerciantes holandeses e ingleses. Para eludir el pago a la Corona (impuestos) antes de llegar a Cartagena, desembarcaban en otro sitio a un buen número de africanos, que penetraban ilegalmente por trochas y senderos, para su venta en el interior de la Nueva Granada a través de muchas rutas como: por el este de Galerazamba; desde Islas del Rosario y San Agustín de Playas Blancas; a través del río Cesar desde Riohacha; a través del río Catatumbo -también desde Riohacha- hacia Maracaibo, Ocaña y Vélez; por el río Magdalena hacia Antioquia; por Ocaña y Puente Real hacia Santafe de Bogotá; por el río Sogamoso hacia Socorro; por la bodega de Honda hacia Popayan; por el río Magdalena hacia Neiva; y por el Darién, Tolú y Santa Marta. Se institucionalizó de tal manera el contrabando, que llegó a ser tolerada por las autoridades. Mompox en particular, fue considerada la capital del contrabando neogranadino. Respecto al Pacífico, el contrabando se dió desde Buenventura, Chirambirá, Gorgona y Barbacoas.

A finales del siglo XVII comenzó un nuevo ciclo minero en Colombia, pero en el CHOCÓ; lo que hoy se conoce con el nombre de departamento del Chocó, estuvo dividido en dos provincias: Nóvita con capital de su mismo nombre y Citará con capital Quibdó; las cuales se unían por el istmo del Arrastradero de San Pablo, el trayecto más corto por tierra por donde se pasaba del río San Juan al Atrato en un tiempo no inferior a seis días. Durante este siglo la minería de las Provincias de Nóvita y Citará se basó en cuadrillas de esclavos entre 50 y 500, muchos de ellos originados en transacciones ilícitas mediante el contrabando y tráfico desde Jamaica (que traía esclavos de Angola) aunque no exclusivamente de allí, como se ve en la siguiente tabla:

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Price refiere que la población negra de Tumaco, proviene de las minas de oro de Popayán y Barbacoas, y su orígen es primordialmente Yoruba ( de los Ewé-fon). Germán de Granda manifiesta que el orígen de los africanos del suroeste de Colombia es principalmente de Guineanos, con poca participación de las zonas de Sudán, Congo, Angola y Mozambique.

Para el año 1711 catorce propietarios de Popayán poseían un poco menos de la mitad de los esclavos  que trabajaban en el Chocó, en concurrencia con otros propietarios procedentes de Cali, Cartago, Toro, Santa Fe y residentes permanentes en la provincia. Entre estos propietarios payaneses se destacaban dos familias: la de los Mosqueras y la de los Arboledas, que poseían cerca de la cuarta parte del total de los esclavos.

Uno de los mayores comerciantes de esclavos de Popayán fue Don José Tenorio (y su abuelo el español Sebastián Torrijano),  quienes vendieron esclavos entre 1701 y 1748, posteriormente José Tenorio se estableció como minero y terrateniente. Entre 1724 y 1728, llegaron 2.390 esclavos de los cuales 1.725 pasaron por Honda (con destino al Chocó, Cali y Popayán) hacia las minas del Chocó; dice del Castillo que en 1729 el gobernador del Chocó encontró 3.000 esclavos en la provincia de Nóvita y 150 en la de Citará (actual Quibdó).

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En el último período del siglo XVII y  hasta el primer cuarto del siglo XVIII, el principal abastecedor de esclavos de contrabando  para Cartagena fue Curazao; los holandeses tenían sus centros de abastecimiento en África Centro Occidental, en la región del GOLFO DE BENÍN, y los esclavos originarios de allí eran los ARARÁS (Ewé-fon), embarcados desde los puertos de Arda y Ouidah, así como -en menor cantidad- los MINAS que procedían de la COSTA DE ORO (bajo el control inglés en ésa época) del occidente del río Volta y debían corresponder a los pueblos AKAN (de habla twi, chi), o ti) y bajo esta denominación también debió llegar gente FAN TI –  ASHANTI. Los franceses igualmente tuvieron participación en esta trata al final del siglo.

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El término Arará es una palabra yoruba que significa enano; eran considerados fuertes y valientes, apropiados para el trabajo pesado. Los yorubas o lucumí eran del nordeste de Benín, casí en los deltas del Níger. En una zona intermedia a las habitadas por los minas y los ararás se encontraban los “popós”, también de cultura ewe-fon; en la desembocadura del río de la Vuelta (Volta) está una isla despoblada donde vivían, así que probablemente pertenecían, o fueron influidos, por los yorubas ubicados en el Golfo de Benín; los popós eran tenidos como hábiles, obedientes y afables.

En cuanto a los orígenes de la población del archipiélago departamento de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, refiere Friedeman  “su proceso histórico-cultural básico a partir del dominio esclavista inglés, en la Costa de Oro, hace parte de la órbita de otras islas, especialmente Jamaica, con transcursos similares. Los estudios lingüísticos han permitido señalar el predominio étnico Fanti-Ashanti, particularmente visible en la lengua criolla que asímismo comparte con Jamaica, islas Cayman y otros territorios insulares del Caribe”.

Entre 1740 y 1810 disminuyó el comercio de esclavos internacional y tuvo auge el comercio de esclavos criollos, particularmente en Popayán.

COSTUMBRES, RELIGIOSIDAD, HECHICERÍA

Se acostumbraba separar desde el inicio a los africanos que tenían un origen común evitando que se comunicaran en sus propios dialectos, lo cual contribuyó a que estos adoptaran el castellano como idioma unificador; esta separación de las diversas etnias impedía, en cierto grado, que continuaran ejerciendo rituales religiosos y costumbres autóctonas.

Con frecuencia los amos no permitían que se catequizara a sus esclavos, y les impedían asistir a oficios religiosos. Esto permitió que coexistieran unos rudimentos católicos y una serie de creencias de diversos orígenes africanos, que se manifestaron en muchos juicios por brujería y hechicería, de la época.

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TRABAJOS

Desde el comienzo la mayoría de africanos fueron destinados al trabajo en las haciendas y en las minas. No obstante, otros se dedicaron a faenas domésticas y propias de los poblados, donde no sólo trabajaban sino que eran entrenados en oficios manuales.

Con el tiempo, una de las fuentes de ingreso de los dueños de esclavos, fué el alquiler de los mismos para cosas puntuales, como: costureras, sombrereros, nodrizas, etc. o trabajos varios. Así cada esclavo ganaba para su amo un jornal, y contribuía a su propio sostenimiento.Llegó al extremo de que hubo amos que se lucraban de la prostitución de sus esclavas para devengar un ingreso diario.

Desde el principio se les permitió conservar una pequeña parte de estos jornales, con los cuales adquirían cosas para sí mismos, e incluso ahorraban para comprar su propia libertad; incluso hubo esclavos que compraron esclavos para sí mismos.

 

REGISTRO / CENSO DE POBLACION en el siglo XVIII

Francisco Silvestre realizó un censo de población del Virreinato del Perú, en el cual, para la Audiencia de Santafé, dió un total de 827.250 almas (con un 5% de esclavos) distribuídas de la siguiente manera:

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CIMARRONISMO

Las autoridades españolas se enfrentaron al fenómeno de las rebeliones y el cimarronismo desde que comenzaron a traer africanos esclavizados a la Nueva Granada. Cuando escapaban de sus captores se establecían en comunidades llamadas PALENQUES alejadas de las poblaciones de españoles, donde vivían en libertad y con su propia organización. Con el tiempo, poblaron extensos territorios de las regiones Pacífica y Atlántica, así como de los valles de los ríos Magdalena, Cauca y Patía.

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El Palenque del Castillo (fines del siglo XVII – mediados del siglo XVIII), en el que llegaron a localizarse hasta unas cuatrocientas familias en dos poblados,  se mostró irreductible hasta diluirse y dar como resultado la sociedad cimarrona del Valle del Patía. Por este periodo empezaron a asentarse en el Valle del Patía muchos negros provenientes en su mayoría, de las minas de Barbacoas y que habían hecho tránsito por El Castillo.

En 1728 el esclavo Barule, comandó una revuelta para constituir el Palenque de Tadó, provincia de Nóvita (San Juan), y entre sus inmediatos lugartenientes figuraban Bernabé Mina, Antonio Mina, Matheo Mina, Marcos Chalá, Francisco Arará, Joseph Nongo y Nicolás Nongo. Todos ellos procedentes de áreas geográficas-culturales muy próximas entre sí.En la tenencia de Nóvita se habían conformado además los palenques en Monte Carmelo,  el del Bohió (que cobijaba a Santa Rita y Santa Bárbara en Iró), al igual que Santa Ana en el Alto Condoto y por extensión a través de los ríos Tajuato y Andrápeda tenían dominio en juntas y otros reales de mina del Alto Tamaná y el Palmar.

En 1785 se fugaron de sus amos en Cartago, hacia el sitio de los Cerritos a orillas del río Otún, unos cimarrones, e hicieron capitán al negro Prudencio quien había sido capataz en la hacienda de don Mariano Matute.

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Benkos Biohó

Benkos Biohó el africano que se fugó de las galeras de esclavitud en Cartagena de Indias, es también conocido en la historiografía, en la historia oral y en las tradiciones de la región como Domingo Biohó, el rey de La Matuna y el rey del Arcabuco. Convertido en líder cimarrón ya en 1602 estaba atrincherado en el que históricamente se ha conocido como el palenque de La Matuna, un lugar de ciénaga, en las vecindades de Cartagena de Indias.

Surgieron también, para no dejar de mencionar, otros líderes cimarrones como Domingo Criollo y Juan Angola, y el famoso Palenque de San Basilio que ha sido objeto de numerosos estudios.

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Escultura en San Basilio

 

BIBLIOGRAFIA

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Navarrete, Maria Cristina. Génesis y Desarrolllo de la Esclavitud en Colombia siglos XVI y XVII. Universidad del Valle. 2005.

San Pedro Claver y esclavos tomado de: http://www.cartagenainfo.com/sanpedroclaver/

 

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